domingo, 26 de julio de 2015

POESÍA DE SICILIA: Salvatore Quasimodo

Y de pronto es la noche

Cada uno está solo sobre el corazón de la
tierra
traspasado por un rayo de sol:
y de pronto es la noche.

Otoño

Manso otoño, me poseo y me inclino
sobre tus aguas para beber el cielo,
fuga suave de árboles y abismos.

Áspera pena de nacer
ligado a ti me encuentra;
y en ti me quiebro y recupero:

pobre cosa caída
que la tierra recoge.

Ríe la urraca, negra sobre los naranjos

Tal vez sea un signo verdadero de la vida:
a mi alrededor, en el prado de la iglesia,
con leves movimientos de cabeza, unos niños
danzan un juego de voces
y cadencias. Piedad de la tarde, sombras
encendidas nuevamente sobre la hierba verde.
¡Bellísimas en el fuego de la luna!
La memoria os concede un breve sueño;
ahora despertad. He aquí que el pozo ruge
por la primera marea. Esta es la hora:
y ya no es mía, ardientes, remotos simulacros.
Y tú, viento del sur, con tu olor profundo de jazmines,
empuja la luna hacia los niños
que duermen desnudos, fuerza al potro sobre los campos
y sus huellas húmedas de yeguas, abre
el mar, alza las nubes sobre los árboles:
la garza avanza ya hacia las aguas
y husmea lentamente el barro en las espinas,
ríe la urraca, negra sobre los naranjos.


Fuente: Quasimodo, Salvatore, Carta a la madre y otros poemas, Buenos Aires, CEAL, 1988. Traducción: Eugenio y Gianni Siccardi.

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