lunes, 28 de abril de 2014
LA CULTURA EN BROMA
Nueva página en Collage de artistas. En ella encontrarán textos y chistes para divertirse un rato. O al menos para sonreír.
viernes, 18 de abril de 2014
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ: Toda muerte remite al principio
Mi recuerdo más vivo y constante
no es el de las personas, sino el de la casa misma de Aracataca donde vivía con
mis abuelos. Es un sueño recurrente que todavía persiste. Más aún: todos los
días de mi vida despierto con la impresión, falsa o real, de que he soñado que
estoy en esa casa. No que he vuelto a ella, sino que estoy allí, sin edad y sin ningún motivo especial, como
si nunca hubiera salido de esa casa vieja y enorme. Sin embargo, aun en el
sueño, persiste el que fue mi sentimiento predominante durante toda aquella
época: la zozobra nocturna. Era una sensación irremediable que empezaba siempre
al atardecer, y que me inquietaba aun durante el sueño hasta que volvía a ver
por las hendijas de las puertas la luz del nuevo día. No logro definirlo muy
bien, pero me parece que aquella zozobra tenía un origen concreto, y es que en
la noche se materializaban todas las fantasías, presagios y evocaciones de mi
abuela. Esa era mi relación con ella: una especie de
cordón invisible mediante el cual nos comunicábamos ambos con un universo
sobrenatural. De día, el mundo mágico de la abuela me resultaba fascinante,
vivía dentro de él, era mi mundo propio. Pero en la noche me causaba terror.
Todavía hoy, a veces, cuando estoy durmiendo solo en un hotel de cualquier
lugar del mundo, despierto de pronto agitado por ese miedo horrible de estar
solo en las tinieblas, y necesito siempre unos minutos para racionalizarlo y
volverme a dormir.
(…)
- Quizás, como te lo dije ya, la
pista (de Cien años de soledad) me la dieron los relatos de mi abuela. Para
ella los mitos, las leyendas, las creencias de la gente, formaban parte, y de
una manera muy natural, de su vida cotidiana. Pensando en ella, me di cuenta de
pronto que no estaba inventando nada, sino simplemente captando y refiriendo un
mundo de presagios, de terapias, de premoniciones, de supersticiones, si tú
quieres, que era muy nuestro, muy latinoamericano. Recuerda, por ejemplo,
aquellos hombres que en nuestro país consiguen sacarle de la oreja los gusanos
a una vaca rezándole oraciones. Toda nuestra vida diaria en América Latina,
está llena de casos como éste.
(…)
- (La inspiración) Es una palabra
desprestigiada por los románticos. Yo no la concibo como un estado de gracia,
ni como un soplo divino, sino como una reconciliación con el tema a fuerza de
tenacidad y dominio. Cuando se quiere escribir algo, se establece una especie
de tensión recíproca entre uno y el tema, de modo que uno atiza el tema y el
tema lo atiza a uno. Hay un momento en que los obstáculos se derrumban, todos
los conflictos se apartan, y a uno se le ocurren cosas que no había soñado y
entonces no hay en la vida nada mejor que escribir. Eso es lo que yo llamaría
inspiración.
Fuente: García Márquez, Gabriel, El olor de la Guayaba ,
conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza, Buenos Aires, Editorial
Sudamericana, 1994.
Gabriel García Márquez nació en
Aracataca, Colombia, en 1927 y falleció en la ciudad de México el 17 de abril
de 2014. En 1982 obtuvo el Premio Nobel.
Nota: Plinio Apuleyo Mendoza es
un escritor y periodista colombiano, nacido en 1932. En Francia tuvo a su cargo
la revista Libre que agrupó a los
escritores del llamado "boom latinoamericano".
miércoles, 16 de abril de 2014
MIS CUENTOS: MASCOTAS
Ernesto
y yo no tenemos hijos. Lo intentamos, pero bueno, no se dio. Al principio
estaba triste, y a veces hasta me daba por llorar. Después, como todo, pensás
en otra cosa y la mufa se pasa. Mi mamá y mi hermana siempre insistiendo: “¿por
qué no adoptás?” Y no me disgustaba la idea, pero nunca me decidí. Me dejaba
estar. Algunos dicen “¿y si te sale enfermo o medio loco?” Un riesgo que se
corre. Vaya a saber quiénes son los padres biológicos, si no trae alguna tara
genética. Y una al final piensa. Aunque,
en realidad, lo mismo podría pasar si fuera tuyo. Miedo o egoísmo, o la
mezcla de ambos. Y de tanto pensar, la
vida se va pasando y llegás a la edad en que ya no estás para críos, ni
pañales, ni toda esa milonga. Y para espantar lo que a la larga o a la corta
podría espantarte, te entusiasmas con algo. Algo, claro está, que además de
sacarte de la rutina - como comúnmente se dice - te llene. Yo aprendí a hacer tapices y eso ya me absorbe bastante
porque pasa como siempre, o casi siempre. Lo que arranca como un simple entretenimiento al
final te gana de mano. Empezás con
diseños sencillos, fáciles, pero después, entre que la profesora te impulsa a superarte y a vos
van surgiéndote otras ideas, te enganchás con trabajos más complejos y cuando
te querés acordar, acabás medio entreverada en la urdimbre. Es que lo difícil
divierte más que lo fácil y además una va dando rienda suelta a todo lo que tiene adentro.
Hace poco instalé un pequeño taller de telares y hasta he vendido alguno.
Ernesto, también. Descubrió que le gustaba cantar y se metió en un coro.
Realmente tiene buena voz. Era una pena que desperdiciara esas condiciones. Y
vivimos bastante bien. No te digo que ¡oh! Tampoco hay que exagerar. Digamos
sin apremios y en lo que respecta a la relación conyugal, dentro de los límites
de la aceptable convivencia. Ni nos tiramos los platos por la cabeza, ni
tampoco la pavada de estar todo el día como adolescentes. Nada es ideal y quien
dice lo contrario, miente. Pero, aunque todo esté controlado, a veces se siente
como un hueco, algo medio indefinible, una especie de soledad compartida, como
unas ganas de llegar a tu casa y que no esté todo en silencio, cada silla en su
lugar y las carpetitas impecables y ese olor a limpio, a lavandina o
desodorante de ambientes, a velitas
aromáticas o sahumerios de lavanda. Bueno, será que aunque uno quiera sustraerse a las modas y critique las manías
que se le meten a la gente de hacer lo que otros hacen, al fin el bichito te pica
y la picadura justo va a dar en el hueco ése que ya te está empezando a jorobar.
A nosotros nos pasó. No al mismo tiempo porque somos muy independientes y, nos acostumbramos a
vivir solos y hacer lo que se nos antoja. Pero un día, que lo veo a Ernesto como
un chico, meta jugar con la perrita que tiene el Bocha en la quinta. Y otro
día, yo que me quedo extasiada frente al caniche ése de la vecina que, como es
de circo, tiene la manía de caminar en
dos patas. Otro día me entero de que la chica del negocio donde compro los
bastidores le regaló un gato al abuelo que está con demencia senil y hay que
ver cómo se entretiene el pobre viejo con el animalito. El canario de Alcira
que canta mejor que Pavarotti. Los conejos en miniatura que vi en la
veterinaria. Los loros del mecánico de la vuelta que, aunque parezca cuento, han aprendido a entonar La cucaracha. De no
creer. Lo que es el mundo animal. De tanto ver se te despiertan las ganas. ¿Y
si compráramos una mascota? A tal punto llegamos que una tarde nos trenzamos con Ernesto en una discusión de
esas en que uno se mete cuando no tiene nada qué hacer y que no te llevan a
ninguna parte. El opinaba que son mejores los perros grandes y guardianes. Yo
estaría chocha con uno de esos que parecen de juguete, más un adorno que un ser
viviente. Pero no puede ser. Ni chico ni grande. Las dimensiones del
departamento no dan y un perro estaría incómodo. Un gato podría ser. La cosa es
con quien dejarlo cuando te vas de veraneo. Pájaros, no. Jamás he admitido
pájaros en jaulas. Pensé: una tortuga. ¿Qué mal le hace a nadie una tortuga? Y ahí fue cuando Ernesto se empezó a reír a
carcajadas y hasta insinuó si con la menopausia no me estaría trastornando un
poco. El asunto de las mascotas pasó al olvido y seguimos viviendo igual. Los
tapices me mantenían ocupada y Ernesto estaba feliz con su música y con las
presentaciones del coro que había ido
adquiriendo cierta fama.
Una
mañana de otoño, al salir al balcón, descubrí sobre una de las plantas una
mariposa bastante grande, con un cuerpo y unas patas impresionantes y alas en
proporción. Había pasado una semana de lluvias intermitentes y tormentas de
esas que parece que el mundo se viene abajo y, seguramente arrastrada por los
fuertes vientos, la mariposa con las alas maltrechas se refugió entre las ramitas de una de las
macetas. De movida, me impresionó un poco el bicharraco de un tamaño y color
poco convencional. Yo pensaba en esas maripositas primaverales de tonos vivos y
más bien pequeñas. Pero esta era parda, entre marrón y negra y bastante
grandota. Intenté ayudarla a volar, pero fue en vano porque como ya dije tenía
un ala rota y la otra medio estropeada.
Pensé: mucho no le queda a la pobre. Pero, no. Siguió viva y agarrada con ímpetu a las ramas. Hasta
descubrí encima de algunas hojas unas bolitas diminutas, justo donde ella había
estado. Depositó huevitos, seguro que van a nacer otras mariposas, le dije a
Ernesto. La fantasía ociosa tiene cada ocurrencias. Los dos estuvimos de acuerdo en dejarla porque
en medio de todo si tenía que morirse que lo hiciera dentro de un habitat
natural, en este caso las plantas. Dejé de limpiar el balcón para no molestarla
y la vigilaba a cada rato. Y, aparentemente, sin que mediara en principio otro sentimiento que la compasión que nos provocaba
su incapacidad volátil, nos fuimos encariñando. Como le hablaba sin obtener más
respuesta que alguna leve inquietud de sus patitas o algún aleteo casi
imperceptible de tan débil, movida por la inusitada idea de provocar algún otro
tipo de reacción, se me ocurrió hacerle escuchar Lazy butterfly, esa pieza de
jazz de la cual guardaba un lejano recuerdo. Cada vez que tenía un rato libre,
la pasaba. En una de esas, me acuerdo que era la noche de un sábado, Ernesto
vino hacia mí y me propuso bailar. Hacía tanto que no bailábamos. La verdad, me
sorprendió. Pero no me hice desear y, dejándonos llevar por el compás de Lazy butterfly, llegamos al balcón y vimos cómo la mariposa nos sonreía complacida.
Se ve que en medio de la desgracia sabía apreciar nuestra hospitalidad ¡Al fin
teníamos una mascota! ¡Y qué mascota! No cualquiera.
Mariposa
de otoño. Un poco triste, la perezosa. Con sus colores también otoñales. A
nadie se le ocurriría adoptar a una mariposa y menos una mariposa a la que las
rachas de la tormenta han dejado medio desalada. Sin embargo la imprevista adquisición constituye algo más que una compañía. Sí,
porque aunque la comunicación con ella sea mínima y elemental, se siente su
presencia y sus ansias de vuelo, que, al fin de cuentas, son una forma de poner
al mal tiempo buena cara. Imposible saber si intuye lo que se avecina, pero
arrastra su cuerpo entre el verde como oponiendo sus flacas energías a la
inclemencia. Y con eso te da a entender tantas cosas que una llega a pensar má
que filosofía ni ocho cuartos. Esta te enseña más que el Heráclito ése, famoso
por lo de las aguas del río y toda esa historieta. Porque, más que todo eso, ella,
con sus mínimos actos, es casi casi como
la quintaesencia – qué palabrita, ¿no? - del “carpe diem” horaciano. Quién lo
iba a decir. Una simple mariposa. Pero tan dulcemente persistente como esos
versos que de jóvenes nos aprendíamos de memoria y que vuelven cuando todo lo
demás queda en suspenso. O en el momento menos esperado, mezclándose entre las
palabras y las acciones cotidianas, tan poco poéticas. No sé si será por eso o vaya a saber por qué, pero desde que ella
está entre nosotros, el disco de Hawkins no deja de vibrar en el tocadiscos y aunque hacemos más o menos lo de siempre, porque tampoco
vamos a experimentar grandes cambios a estas alturas, ya no es lo mismo. Si el
azar o la Providencia
- vaya uno a saber - nos puso en el camino a la Butterfly , por algo será.
lunes, 24 de marzo de 2014
ESPLENDOR SOLAR EN UN POEMA DE EUGENIO MONTALE
LOS LIMONES
Óyeme, los poetas
laureados
se mueven solamente
entre plantas
de nombres poco
usados: boj, ligustros o acantos.
Yo, para mí, amo las
sendas que conducen
a las herbosas zanjas
donde en charcos
casi secos acechan
los muchachos
alguna enjuta anguila:
los senderos que
siguen los ribazos,
bajan entre el
penacho de las cañas
y llevan a los
huertos, entre los limoneros.
Mejor si la algazara
de los pájaros
se apaga devorada por
el cielo:
más nítido se escucha
el susurrar
de las ramas amigas
al aire casi inmóvil,
y las sensaciones de
este olor
que no sabe separarse
del suelo
rociando el corazón
de una dulzura inquieta.
Aquí de las pasiones
desviadas,
calla la guerra, por
milagro,
aquí también a los
pobres nos toca nuestra parte
de riqueza
y es el olor de los
limones.
Mira, en estos
silencios en que las cosas
se abandonan y
parecen muy próximas
a traicionar su
último secreto,
a veces esperamos
descubrir un error de
la Naturaleza ,
el punto muerto del
mundo, el eslabón perdido,
el hilo que al
desenredarlo finalmente nos ponga
en el centro de una
verdad.
La mirada sondea a su
alrededor,
la mente indaga,
concuerda, desune
en el perfume que se
propaga
cuando más languidece
el día.
Son los silencios en
los que se ve
en cada sombra humana
que se aleja
alguna perturbada
Divinidad.
Mas desfallece la
ilusión y el tiempo nos devuelve
a las ciudades
rumorosas donde el azul se muestra
solamente a retazos,
en lo alto, entre molduras.
Después, la lluvia
cansa el suelo; se espesa
el tedio del invierno
sobre las casas,
la luz se torna
avara, amarga el alma.
Hasta que un día, a
través de un portón mal
cerrado,
entre los árboles de
un patio
se nos aparece el
amarillo de los limones,
y se deshiela el
corazón,
y retumban en nuestro
pecho
sus canciones
las trompas de oro
del esplendor solar.
(1921)
Fuente: Eugenio Montale, Antología. Selección y
traducción de Horacio Armani. Buenos Aires, Compañía General Fabril Editora,
1971. El poema pertenece al libro: Ossi di seppia, 1925.
miércoles, 19 de marzo de 2014
VACACIONES BLOGERAS
Hace ya tiempo que no entro al
blog. Me tomé vacaciones...
Han pasado cosas en este ínterin.
Entre otras: me mudé y ahora a través de
la ventana de mi escritorio se inmiscuye un jardín, medio salvaje. Estoy un
poco más en contacto con la naturaleza. Y la naturaleza es tan sorprendente,
tan fecunda y prodigiosa que me ha provocado una especie de necesidad de
desintoxicación de la tecnología. La pantalla cansa. Y los contenidos que
provienen de ella (y de los medios en general) resultan a menudo abrumadores. Y no es cuestión de
quererse mantener a salvo de los vapuleos con que la realidad marca su constante
tránsito, sino de no dejarse invadir por el fárrago con el que
las redes nos enredan.
No me he decidido a dar de baja
el blog. Estoy encariñada con él. Pero el cambio de situación ha dado paso a
otras perspectivas. A un encuentro distinto con las lecturas y también a una
revisión de mi enfoque de la escritura. Necesitaba esta pausa y espero que de
ella, y de este encuentro con lo primario
de la tierra y su fertilidad surjan nuevos impulsos creadores. Es un
deseo, y como tal, está sujeto al azar de la circunstancia y a las
posibilidades que la energía imprima a mi trayecto.
Próximamente un poema de Eugenio Montale, que tiene un poco que ver con esto.
miércoles, 15 de enero de 2014
JUAN GELMAN: Por la palabra me conocerás
todo el turbión las
penas los olvidos
las penumbras la
carne la memoria
la política el fuego
el sol de pájaros
las plumas violentísimas
los astros
los arrepentimientos
junto al mar
los rostros los
oleajes la ternura
alguna vez apenan
apenumbran
olvidan arden
escarnecen astran
politizan solean
pajarmente
plumean se
arrepienten y memorizan maran
enróstranse y olean o
enternecen
se buscan y levantan
cuando caen
mueren como
sustancias nacen como sustancias
se entrechocan son
causa de misterios
balbucen baban cómense
se beben
lluévense para
adentro en las ventanas
se ven venir circulan
en sus brazos
hasta dar en palabra
como muertos
o como vivos giran
parpadean
libres en el sonido
presos en el sonido
andan por todo el
mundo humanamente
a nadie pertenecen
astros mares
como arrepentimientos
como olvidos
penas enfoguecidas o
políticas
penumbras de la carne
pájaros de aquel rostro
y el turbión la
memoria los oleajes
Fuente: Gelman, antología personal, Chile,
Editorial Antártica- Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos,1993. El
poema pertenece al libro: Cólera buey (1964).
Juan Gelman nació en
Buenos Aires, en 1930 y falleció el 14 de enero de 2014, en Ciudad de México.
martes, 14 de enero de 2014
LA ARGENTINA SEGÚN GOMBROWICZ
¿Qué es la Argentina ?¿ Es una masa
que todavía no ha llegado a ser pastel; es sencillamente algo que no tiene
forma definitiva, o bien es una protesta contra la mecanización del espíritu,
un gesto de desgano e indiferencia frente a un hombre que se aleja de sí mismo,
o frente a una acumulación demasiado automática, o frente a una inteligencia
demasiado inteligente, o una belleza
demasiado bella, o una moralidad demasiado moral?
Witold Gombrowicz
Fuente: Witold
Gombrowicz, Edición del Centro Cultural Borges.
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